teatroprincipal

 

Fotografía de Laura Irizabal. Todos los derechos reservados.

Conocido anteriormente por ser el emplazamiento de los Hornos del Rey donde se amasaba y cocinaban las galletas para los barcos de las armadas reales.

Se comienza a construir en 1836, siendo el primer local de uso exclusivo para el teatro y se situaba en el nº 27 de la calle del Artillero, hoy desaparecida tras el incendio de 1941. Sufre diferentes inconvenientes durante su construcción, como la inundación de los terrenos que propicia el derrumbe de una casa contigua al solar o el abandono por parte del arquitecto Antonio Arrieta a mitad de las obras por no estar de acuerdo con los honorarios ofrecidos.

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Vista interior del Teatro Principal, 1900-1915, Colección Víctor del Campo Cruz, CDIS.

En su escenario se incluyen representaciones de géneros menores como los sainetes, los juguetes cómicos, los bailes de carnaval pero sobre todo, las zarzuelas.

Siempre marcado por carencias económicas, como así se puede leer en las diferentes publicaciones de la época, sufre una reforma que lo mantiene cerrado durante un año, comenzando de nuevo a funcionar a mediados de diciembre de 1894.

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Pablo Isidro Dumarco. Teatro Principal en la calle Arcillero, 1890, Colección Víctor del Campo Cruz, CDIS.

 

Su interior esta configurado en tres pisos con forma de galería. La galería del segundo piso tenía capacidad para 100 espectadores. En el patio existían dos hileras de butacas y el resto eran lunetas. No había proscenio y la cazuela tenía bastante capacidad. La superficie total era de 664,84 metros cuadrados, con capacidad para al menos 880 espectadores. Sucumbió ante el fuego en 1915.

 

Plazuela del Príncipe, 1941, Colección Víctor del Campo Cruz, CDIS.

Posteriormente se reconstruiría añadiendo dos alturas más, dando sede al Ateneo que se inauguraría en Marzo de 1921 y aunque el fuego de 1941 respeta casi al completo el edificio deciden buscar un nuevo emplazamiento para su sede dado la nueva reordenación urbanística que se le da al lugar tras el incendio. Por lo tanto no será el desastre acontecido si no la mano del hombre la que hará desaparecer el edificio en pro de la mejora urbana.

Julio Palacios. Santander. El Ateneo, 1924, Colección Víctor del Campo Cruz, CDIS.

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